Puentes como liebres – Mario benedetti.


“Era lindo escucharla, pero era mejor sentirla tan cerca. En ese momento me pareció que ella también tenía un doble nivel, pero sin hipocresía. Quiero decir que mientras desarrollaba todo ese razonamiento tan abierto al futuro, sus ojos me decían que la abrazara, que la besara, que iniciara por fin los tramites básicos de nuestros deseo. Y como podía negarle lo que esos ojos tan tiernos y elocuentes me pedían. La abrace, la bese. Sus labios eran una caricia necesaria, como podía haber vivido hasta ahora sin ellos. De pronto nos separamos, nos contemplamos y coincidimos en que el momento había llegado. Pero cuando yo alargaba mi mano hasta su escote, casi dibujando por anticipado el ademan de ir abriendo el paraíso, en ese instante llego el ruido de la cerradura en la puerta de abajo.”

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